La Producción de Conocimientos en los Institutos de Nivel Superior: el Desafío en el Calasanz

10.07.2017

María Luz Albergucci                                                                                                                                         Fabricio Cisilotto

                        "El conocimiento forma cuando se sabe deformado por el suelo que habitamos"              Carlos CULLEN

El nivel de educación superior, entre otros, tiene como finalidad la producción y sociabilización del conocimiento (Ley Provincial de Educación N° 13.688, art. 30). La producción de conocimiento es parte de la formación de futuros profesionales, y suele ser un eje de trabajo en la gran mayoría de las cátedras y de los institutos de formación superior. La sistematización de estos trabajos y la promoción para la socialización y publicación, en muchas ocasiones no suceden o se generan espacios de circulación sólo al interior de cada institución.

Esto puede deberse a múltiples causas, pero quizás la más sustantiva radica en la propia historia de la conformación de las instituciones de educación superior, que funcionan en senderos diferenciados a los de las universidades, y en la propia constitución de las instituciones educativas como espacios de trabajo individual y segmentado. Precisamente la universidad ha tenido el lugar casi exclusivo de producción de saber. La organización actual de la educación superior en la que conviven las universidades y los institutos superiores, aún no ha logrado revertir esta bifurcación de funciones: las primeras han logrado avanzar hacia la formación docente y tecnicaturas, mientras que los institutos no han avanzado con la misma velocidad hacia la producción y sociabilización de conocimiento. El caso argentino no es el único, esto ocurre en varios países que tienen diferenciada la educación superior: Uruguay por ejemplo visualiza esta misma bifurcación entre generación de conocimiento y transmisión (MARRERO, 2010).

Creemos que es necesario impulsar fuertemente la formación de conocimiento y la comunicación de saberes en todas las carreras profesionales, en la docencia por supuesto, pero también en las tecnicaturas superiores. Carlos Cullen (2009) coloca al conocimiento como aquel que le otorga a las personas posibilidad de aumento de la potencia de actuar. "Aumentar nuestra potencia de actuar sabiendo que el conocimiento está atravesado por el deseo y el poder, resistiendo con identidad, con capacidad de narrar y resignificar, con memoria y utopía, pero -fundamentalmente- como sujetos ético-políticos que nos sabemos desde siempre responsables del otro" (CULLEN, C; 2009: 47). Desde este marco nos posicionamos como institución formadora para instalar en el centro de la escena la producción de saberes.

Y para caminar este desafío es que nos hemos convocado todos los docentes del Instituto Superior San José de Calasanz, para revisar y poner en valor lo ya construido, y elaborar nuevas estrategias de trabajo colectivo que potencien la acción y la construcción de conocimientos y saberes colectivos.

Nos interesa, entonces, poner en discusión algunas instancias, perfectibles e inacabadas, que creemos que permitirán la concreción de este proyecto. Nos enmarcamos en el lugar de posicionar a la institución y a la docencia como trabajo colectivo, colaborativo, cooperativo y participativo, a pesar de que las instituciones educativas no se hayan constituido desde este lugar, por lo que es necesaria la construcción de espacios compartidos junto con la elaboración de proyectos. Pensamos también que la formación de futuros profesionales no es sumativa, sino integral y por ello, la configuración de estos espacios adquiere vital importancia para la concreción de nuestros objetivos de formación.

Para favorecer esta construcción nos hemos propuesto revisar cómo realizamos nuestras prácticas de enseñanza y cómo evaluamos. Muchas veces, encorsetados en las disposiciones normativas acerca de la acreditación, promoción y evaluación, realizamos nuestras prácticas y evaluamos a partir de estos mandatos sin detenernos a analizar que ellos indican "la llegada" pero no "el camino". Y es precisamente este camino el que estamos trazando en el Instituto y en este artículo.

Nos proponemos generar instancias de trabajo que pongan en juego la escritura, su revisión, la reflexión de sus objetivos y destinatarios. Los planes de estudio, que separan áreas de saber y contenidos en distintas asignaturas, son un ordenador pero no deben ser una limitación para la articulación de saberes. En este sentido, una propuesta de trabajo consiste en realizar evaluaciones de producción escrita que permitan ser re-utilizadas y re-pensadas en otros espacios curriculares. Esto puede realizarse en el mismo espacio temporal, es decir en el mismo ciclo lectivo articulando una evaluación integral para dos espacios curriculares. También puede concretarse alejadas en el tiempo, es decir que una producción escrita, sea retomada en un espacio curricular que el plan de estudios ubica en un año posterior y pueda ser revisada y reescrita con los nuevos marcos teóricos trabajados con los estudiantes.

Estas prácticas de producción de saberes no solo favorecen la reflexión sobre lo dicho y escrito, también aseguran la articulación de contenidos para una formación integral de los futuros profesionales.

Otra modalidad de trabajo que favorece estos procesos es la generación de instancias en las que los mismos estudiantes autoevalúen sus producciones y/o las de su grupo de pares. La redacción de reseñas sobre lo escrito por otro puede ser una herramienta potente para ello y potencia, a la vez, la producción colectiva.

La elaboración de encuentros en los que estudiantes, docentes y/o profesionales invitados problematicen alguna temática de su inserción profesional, potencia el saber y la articulación con el ejercicio profesional en espacios diferentes al de los campos de prácticas profesionales del diseño curricular.

Todas estas opciones implican, necesariamente, revisar las prácticas de enseñanza y posicionarlas como lugares de trabajo colectivo y colaborativo. Implican saber y poner en valor qué hacemos en el aula y cómo podemos hacerlo de manera de desplegar la producción intelectual de todos los participantes del proceso de formación, docentes y estudiantes. Y para ello, se requiere sin duda alguna de la voluntad, ya que armar un trabajo colectivo o colaborativo implica siempre de la posición autónoma donde los sujetos se comprometen voluntariamente.

Son múltiples las posibilidades que tenemos para reflexionar críticamente acerca de la formación para elevar nuestra potencia de actuar y la de los futuros profesionales.

El espacio que inauguramos aquí, el Ágora Calasanz, da un paso más, pretende poner a disposición de todos, aquellas producciones que realizamos en el acontecer cotidiano de la formación superior. Esto no sólo le otorgará sistematicidad a lo trabajado, también promoverá la escritura académica y la producción de saberes. En síntesis, le dará sentido y visibilidad a lo que hacemos.

Lejos de ser un espacio cerrado, la herramienta que ponemos en marcha pretende ser el comienzo de una construcción colectiva y dinámica construida por y para quienes formamos parte de una comunidad que busca de afianzar las trayectorias de los alumnos, enriquecer la formación que brinda y dar un salto de calidad a los desempeños profesionales. En ese sentido, el Departamento de Docencia e Investigación queda a disposición de todos y cada uno para acompañarlos en ese camino.

Referencias bibliográficas:

MARRERO, A. (2010) "Formación docente y producción de conocimiento en el sistema de educación superior uruguayo: una cuestión sin resolver" En: Revista Argentina de Educación Superior, Año 2, Número 2, Octubre de 2010.

CULLEN, C. (2009) "Entrañas éticas de la identidad docente", 1° ed., Buenos Aires, La Crujía.